62.
El amanecer siguiente llegó envuelto en un silencio extraño, casi reverencial, como si la ciudad entera contuviera la respiración esperando algo que aún no tenía nombre. Sofía despertó antes de que sonara la alarma, con esa mezcla tensa de intuición y ansiedad que había aprendido a reconocer desde que su vida se había vuelto un tejido de secretos, decisiones imposibles y revelaciones que la cambiaban más rápido de lo que podía procesar. Abrió los ojos y durante un instante no recordó dónde esta