63.
El viento de la tarde recorría el malecón con una suavidad casi hipnótica, levantando pequeñas olas que se rompían contra las rocas con un murmullo persistente. Camila caminaba lentamente, con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta ligera, como si necesitara resguardar algo frágil dentro de sí misma. No era la primera vez que pasaba por aquel lugar, pero sí era la primera vez que lo hacía con un nudo en la garganta que no sabía cómo desatar.
Necesitaba claridad. Necesitaba distancia.