El acceso no hizo ningún ruido.
No hubo alarmas inmediatas, ni luces parpadeantes, ni ese caos que uno imaginaría al cruzar una línea prohibida. Todo ocurrió en un silencio casi irreal, como si el sistema mismo no hubiera notado aún la intrusión.
Pero Valeria sabía mejor.
Ese tipo de silencio no era seguridad.
Era una cuenta regresiva.
—Estamos dentro —murmuró Tomás desde atrás, aunque ya no podía hacer nada más que observar.
Valeria no respondió.
Sus ojos estaban fijos en la pantalla, recorrie