51. Decisión difícil
«Apuesto a que me echas de menos. Estás entrando en pánico porque no has sabido nada de mí. ¿Me equivoco, Mil?». La voz de Gavin sonaba muy relajada al teléfono, con un tono juguetón muy evidente. Molesto. Como si no hubiera hecho nada malo.
Aunque mi enfado era abrumador, no podía negar la verdad: sentía un poco de alivio, un poco de calidez que se extendía por mi pecho. Era una distracción, pero era real. Estaba segura de que, detrás de sus bromas desenfadadas y su actitud de que todo iba bien