"¡¿Hola?!" gritó con voz ronca. "Por favor... ¿hay alguien ahí?!"
Laura se despertó en una habitación con poca luz. Sentía la cabeza pesada. Al intentar moverse, se dio cuenta de que sus manos estaban esposadas a la parte trasera de una silla de metal oxidada. El aire era húmedo, apestaba a moho, como un almacén abandonado. Una sola luz tenue colgaba del techo, proyectando un brillo pálido solo sobre una parte de la habitación. El resto estaba envuelto en la oscuridad, ocultando formas desconoc