—Me alegro de que haya llegado, jefe —masculla con alivio Scarlett cuando me ve aparecer por el pasillo a lado de Kalet a quien le dedica una mirada de rencor—. Los directivos ya se encuentran en la sala de juntas y preguntan por usted —me informa, entregándome algunos documentos.
—Solo me retrasé unos minutos —me quejo, revisando el reporte de las pérdidas que tuvimos debido al imbécil de Lefebvre.
—Como usted siempre es puntual, se les hizo un poco extraño que no hubiese llegado —me explica,