Giselle
Como un hábito que se ha forjado durante casi ocho años me levanto a las seis de la mañana y sin poder dormir nuevamente, tomo una ducha y busco entre la ropa que me prestó el chófer de Nathan, algo que pueda cubrir mis brazos donde aún es perceptible los hematomas que me dejó Oliver. Cuando salgo de mi habitación me percato de que soy la única que se ha despertado, por lo que decido preparar en agradecimiento un desayuno al señor Kalet.
Me dirijo a la cocina y abriendo con mucho cuida