La luz de la mañana se filtraba por los ventanales del ático, demasiado alegre para la sombría expectativa que se cernía sobre ellos. Olivia había pasado una noche inquieta, dando vueltas en la cama, repasando cada posible escenario de la cena con Charles y Eleanor. No era solo un evento social; era una incursión en territorio enemigo, y cada detalle, desde la puntualidad hasta el color de su vestido, sería analizado y utilizado en su contra.
A media mañana, llegó Camille, la estilista personal