La sala de audiencias era más pequeña de lo que Olivia imaginaba. Madera oscura. Olor a limpiador y ansiedad. El juez, una mujer mayor con gafas, revisaba papeles detrás del estrado.
A la derecha, Charles y sus tres abogados. Él ni siquiera la miró. Tenía la mirada fija en la pared, impasible.
A la izquierda, ella y Rostova. Y, en la primera fila del público, Eleanor Pembroke. Un apoyo silencioso y sólido.
—La corte llama a Olivia Vance —dijo el alguacil.
Olivia se levantó. Sus piernas se sentí