La consulta de la Dra. Anya Sharma olía a té de hierbas y a libros antiguos. No a desinfectante. No a miedo. Alexander se sentó en un sillón de lona beige, demasiado blando. Se sentía incómodo. Descolocado. Llevaba la ropa más limpia que encontró. Pantalones oscuros, una camisa azul que le quedaba holgada. Se había afeitado. Mal. Había cortes en su barbilla y en el cuello. El espejo del baño seguía siendo un enemigo.
La Dra. Sharma era una mujer de unos cincuenta años. Rostro sereno. Gafas de c