El mundo de Emma se estaba expandiendo. Ya no era solo un universo de sensaciones: calor, frío, hambre, sueño. Ahora tenía fronteras. Y las fronteras tenían nombres.
Todo comenzó con los sustantivos concretos. Los pilares de su realidad.
"Agua". Dicho con urgencia, señalando su vasito.
"Galleta". Un suspiro de profundo anhelo.
"Pájaro". Murmurado con asombro, nariz pegada a la ventana.
Olivia escuchaba. Grababa cada palabra en su memoria. Era una arqueóloga del lenguaje, descubriendo el mundo a