La evidencia circunstancial no era suficiente para un ataque frontal. Charles lo sabía. Un movimiento directo contra Alexander en la junta, basado en rumores y fotos borrosas, sería contraproducente. Lo pintaría como un tío resentido, desesperado por el poder. No, necesitaba algo más inteligente. Algo que minara la confianza lentamente, como el agua goteando sobre una piedra.
La verdadera batalla no se ganaría con documentos, sino con percepciones. Con la narrativa.
Reunió a Sebastian en su est