La cena fue un éxito de simplicidad. Alexander llegó con una bolsa de comida italiana de un lugar discreto que Olivia solía frecuentar en sus primeros días en Nueva York. No fue un gesto grandioso; fue un recordatorio. Un "te conozco".
Emma, completamente recuperada, presidió la mesa desde su silla alta, dictando la conversación con relatos épicos de su día en la guardería, donde aparentemente había liderado una rebelión exitosa para conseguir tiempo extra en el arenero.
Olivia reía, un sonido