Alexander despertó con el primer destello del amanecer filtrándose por las persianas del salón de Olivia.
Su cuerpo, largo y adormecido en el sofá demasiado corto, protestó con cada movimiento. Por un momento, la desorientación fue total. Luego, la memoria regresó: la llamada, la lluvia, el terror en los ojos de Emma, la rendición en los de Olivia.
Se sentó lentamente, estirando el cuello adolorido. El apartamento estaba en silencio, ese silencio profundo y frágil que sigue a una noche de torm