La luz llegó primero. Un suave resplandor dorado. Se colaba por las persianas. Era el amanecer en Milán.
Alexander sintió el peso. Un cuerpo cálido contra el suyo. Un brazo sobre su pecho. Una cabeza en su hombro.
Reconoció el olor. Era jazmín. Era piel. Era el perfume de Olivia. Y algo más. Sudor. Noche compartida.
Abrió los ojos.
Vio el desorden. Sábanas de seda retorcidas. Almohadas en el suelo. Un vestido negro hecho un montón. Su camisa blanca, arrugada.
Y la vio a ella.
Olivia dormía. Pro