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—Estabas gimiendo mi nombre... Seguro que no te gustó, florecita —se burló él, lo que me enfureció y, resoplando, quise levantarme, pero Yegor no me dejó escapar de sus brazos. Me volvió a tumbar de espaldas y me cubrió con su cuerpo.

—¡Yegor! ¡Esto no tiene gracia! 

¡He llegado tarde a la entrevista por tu culpa! Y, en general... ¡quítate de encima!

- ¡Aún es muy
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