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—¿Cómo se llamaba, Egor? ¡Lisa! ¿Egor Tumansky? —me gritó mi papá.

—¡Papá, no me grites! —se me saltaron las lágrimas, ya me sentía mal y encima él me gritaba.

—Solo espero que no sea ese Egor Tumansky en el que estoy pensando.

—¡Yegor, Tumansky! Papá, ya me siento mal y ahora me gritas.

—¿Cómo se te ocurri

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