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Léa
La noche había caído sin que me diera cuenta.
Me quedé afuera mucho tiempo, después de la partida de Clara.
Sentada en ese banco, con las manos en los bolsillos, la mirada perdida entre las ramas desnudas de un árbol y las ventanas iluminadas de los apartamentos.
No sabía aún qué hacer con este momento.
Lo que representaba.
Esta paz silenciosa que ella me había ofrecido. Este renunciamiento sin violencia.
Como un regalo involuntario.
O una despedida muda.
Regresé lentamente. Las piernas