Clara
El día avanza, pero sigue siendo gris. Un gris pegajoso, adherido a las ventanas, a las paredes, a la piel. No es una mañana que comienza, es un aplazamiento. Una espera. Una grieta en la rutina. El aire está quieto, como en apnea. Nada se mueve realmente, excepto el tiempo que se estira entre nosotros.
No hablamos. No gritamos. No explicamos más. Respiramos, lado a lado, como dos sobrevivientes de una misma tormenta. Dos almas arrugadas, aún húmedas de la tormenta. Siento su mano rozar l