Clara
La mañana es gris. Una de esas mañanas en las que incluso la luz parece dudar en atravesar las cortinas. Una mañana suspendida, donde cada segundo pesa, lento y pesado. El tipo de mañana que parece estar ahí para recordarnos que algo se está deslizando, suavemente, pero con seguridad.
Me he despertado sola.
La sábana arrugada a mi lado estaba fría, la almohada intacta. No ha venido. O si ha venido, se ha ido antes de que me diera cuenta. Un hueco apenas marcado en la memoria del colchón,