Clara
Es tarde. El silencio se ha convertido en un hábito, una especie de manta incómoda que compartimos sin querer. Maxime está sentado en la sala, absorto en sus pensamientos. Lo miro desde el umbral de la puerta. No me ha mirado en toda la noche. O tal vez no quise ver.
Me acerco suavemente, descalza sobre el frío parquet. Me he puesto esa camisón azul noche que tanto le gustaba. Esa a la que llamaba su debilidad. Esta noche, me gustaría que recordara. Que recordara lo que éramos.
Me deslizo