Léa
Me quedo ahí, inmóvil, los ojos fijos en los suyos. Su mirada es una mezcla de dolor y determinación, y sin embargo, hay algo dulce, infinitamente sincero en la forma en que me observa. No ha dicho una palabra. No me ha abrazado. Ni siquiera me ha sonreído. Sin embargo, está aquí. Finalmente aquí. Después de tanto tiempo.
No me he movido. No puedo moverme. Siento que mis piernas son de concreto. Es extraño, pero esta escena me resulta familiar. Como si todo lo que ha pasado entre nosotros n