El dolor en mi pierna me trajo de vuelta a la realidad, sentí unos fuertes dientes mordiendo mi muslo, y pude sentir como succionaba y se alimentaba de mí; Abrí los ojos y me incliné para ver qué era lo que me estaba lastimando, allí estaba el, con el rostro hundido entre mis piernas, era Maximiliano, bebiendo mi sangre.
Yo, no sabía que pensar, que sentir, por alguna razón, no tuve miedo, por el contrario, si él necesitaba beber mi sangre, yo estaba dispuesta, a entregársela toda, no me import