Mi madre y yo salimos de la casona De Castilla, sintiéndonos como pavos reales, sobre todo yo, no podía evitar dar pequeños saltitos de felicidad, quería ir por la plaza presumiendo el anillo en mi dedo, quería que todas las mozas lo vieran y se murieran de envidia. Desde que Maximiliano, había llegado a la ciudad se había convertido en el soltero más codiciado, por supuesto, un soltero como él no iba a serlo durante mucho tiempo, todas las familias con hijas casaderas iban a hacerle propuestas