El rostro de Isabel al escuchar mi confesión me sorprendió, yo estaba preparado para ver horror en su rostro, sin embargo, sus ojos brillaron de una manera que me decía que podía confiar plenamente en ella y que mi secreto, estaría a salvo.
Me acerqué a ella y tomé sus manos, era la primera vez que su madre me permitía estar a solas con ella, sus manos temblaban, pero pude sentir que no era de miedo, era de emoción.
Una extraña fuerza me impulsó a posar mis labios en los suyos y una corriente e