—¿Cómo está tu pierna?
Angelo dejó de mirar a los muchachos que entrenaban sobre la lona y giró la cabeza hacia su padre.
—Mejor de lo que esperaba. Me gustaría que lo suficiente como para poder pelear contigo, pero probablemente solo terminaría haciéndome más daño. Y si Lionetta se entera, no estará nada contenta. —Esbozó una sonrisa nostálgica.
Regresó su atención hacia el frente y se quedó en silencio, observando los golpes que se intercambiaban en el cuadrilátero. Le habría gustado estar en