La cena ya nos había llenado el estómago pero los dos queríamos algo más que solo comida, no había sirvientes a la vista y Lyon me llevó hasta su habitación en la segunda planta, no habíamos ni cruzado el umbral de su puerta cuando ya estábamos besándonos como desesperados. Me cargo agarrándome por debajo de mis glúteos y por instinto enredé mis piernas alrededor de su cadera. Él se sentó en su cama y yo quedé a horcajadas en su regazo, comencé a mover mis caderas contra el bulto en el medio de