En la casa Rossi Monti.
Los hombres tenían la música a todo volumen; Tizziano y Stefano se encontraban bailando alocadamente.
Christopher estaba serio.
—El normal soy yo.
—Hombre, no lo tomes así —dijo Arnaldo riéndose.
—Estos son más alegres que unas prostitutas regaladas —comentó Christopher.
Niccolo estaba riéndose.
—Es verdad.
Stefano se subió a la mesa.
—Ahora del show —dijo él. Tizziano colocó la canción más movida; comenzaron a bailar como locos—. Esto sí es vida.
—Al menos disfrutan —co