Tiempo después.
—Vamos, Taddeo, ¡patea la pelota! —le gritó su tío Tizziano.
Christopher sonrió.
—Vamos, hijo, demuéstrale a Guillermo que puedes.
—Vamos, Andy, demuéstrale a tu primito que tú puedes más que él —le habló Arnaldo.
—Vamos, Dante, enséñales que tú puedes —le dijo Dante.
—Hijo, no te dejes —le gritó Raffaello.
—¿Y Christopher? —le preguntó Stefano mirando a los lados.
Christopher llegando.
—Aquí con tu hija en brazos.
—Hola, papi —dijo la