-Iremos avanzando piso por piso mientras vamos controlando paulatinamente las llamas-, me anunció el jefe de bomberos. Adiviné que eso le resultaría fatal para las personas que estaban atrapadas en medio de las llamas. Morirían asfixiados por el humo irremediablemente, imaginé. Aprovechando, entonces, que mis compañeros estaban entretenidos recabando más informaciones del siniestro, me escabullí por un callejón oscuro, envuelto en humo, marchando de prisa, metiéndome entre las sombras. Era r