Al día siguiente me cité para desayunar con la teniente Rebeca Harrison en una cafetería cerca a la comandancia. Me preocupaba, y mucho, que la policía continuara persiguiendo a la fiera que asolaba a la ciudad, o sea a Waldo. en realidad el caso de la bestia que aterraba a los vecinos no estaba resuelto. Pedimos panes, tamales y café. Todo estuvo delicioso.
-¿Qué va a pasar con la fiera?-, le pregunté, entonces, intrigada.
-No tenemos pistas, el capitán Trevor ha aceptado la tesis de qu