La tercera vez fue el hombre lobo quien me buscó. Yo, adrede, había dejado una vez más abierta la puerta de la azotea de mi casa que conecta al segundo piso donde está mi dormitorio, atravesando un corto pasadizo. Ya lo había hecho algunos días antes, esperando a que aparezca el licántropo, corriendo el riesgo, por supuesto, de que aparezca un ladrón e intente robarme, pero más podían mis ansias y deseos de que el hombre lobo bajase hasta mi alcoba, me enamore y me desnude y así poder disfrut