Vi ochenta veces el video que le hice al hombre lobo en el techo de mi casa. Había pensado en llevarlo a la doctora Evans pero decidí luego no hacerlo porque ella podría divulgarlo a la policía y ellos podrían descubrir quién era, en realidad, el licántropo. Tampoco le dije nada a Alessia y menos a Hill, pese a que era una primicia mundial. Divulgar no solo la información sino el video del cánido, me daría fama, reconocimiento, premios y hasta un ascenso y estaría en plenas condiciones de pedi