Esa tarde le dije a Waldo para comer un helado. Hacía mucho calor, yo había terminado temprano de redactar una información sobre un intento fallido de secuestro a un empresario y Waldo tenía recién comisión, más tarde, debiendo cubrir un partido de baloncesto y estaba, por el momento, libre. -Vamos, pues-, estuvo de acuerdo y salimos del diario hacia el mercado, no muy lejos, hablando y haciendo bromas. Ya en la heladería, aquella que tiene enormes plantas ornamentales y simula ser una especie de oasis en medio de la ciudad, le conté un chascarrillo a Waldo. -Una mujer canta, tocando el piano y le pregunta a un amigo suyo, qué le pareció. El sujeto asiente con la cabeza. "Usted podría ganar mucho dinero", le dice resoluto. La mujer se entusiasmó. "¿Cantando?" dijo alborozada y su amigo le respondió, "no, vendiendo el piano", ja ja ja-, estallé en risas. Waldo no pudo contener las carcajadas y casi se va de bruces al suelo, riéndose.
Entusiasmada le conté otro chascarrillo. -Una