Esa tarde le dije a Waldo para comer un helado. Hacía mucho calor, yo había terminado temprano de redactar una información sobre un intento fallido de secuestro a un empresario y Waldo tenía recién comisión, más tarde, debiendo cubrir un partido de baloncesto y estaba, por el momento, libre. -Vamos, pues-, estuvo de acuerdo y salimos del diario hacia el mercado, no muy lejos, hablando y haciendo bromas. Ya en la heladería, aquella que tiene enormes plantas ornamentales y simula ser una especie