Esa tarde, la teniente Rebeca Harrison se presentó en mi casa con una amplia sonrisa dibujada en los labios, la miradita iluminada y la cara pintada de fiesta. -Qué sorpresa, teniente-, me sorprendí. No esperaba su visita.
-En el diario me dijeron que estabas de descanso-, me dijo ella sin soltar la risita traviesa. La invité a pasar y le ofrecí té filtrante y galletas. -¿Es una visita oficial?-, estaba yo intrigada por su repentina aparición.
-No, no, no, solo quería visitarte je je j