El país se encontraba sumido en el caos. Se habían confirmado fraudes y corrupción en el poder. La situación del presidente Flanagan era ya insostenible. No solo nuestro diario estaba abocado y centrado en denunciar y descubrir delitos en palacio de gobierno, sino también el capitán Trevor, porque se sindicaba al mandatario de estar involucrado en crímenes ejecutados por sicarios contra ex colaboradores en las acusaciones de cohecho, malversación de fondos, contratos fantasmas y gastos sin explicación ni sustento alguno.
Las investigaciones de Trevor confirmaron que los tipos muertos, que sumaban ya cerca de una docena, fueron ultimados por orden expresa del presidente pues conocían de sus fraudes, estafas y delitos y lo habían amenazado con denunciarlo ante la opinión pública a cambio de una fuerte suma de dinero.
Trevor se convirtió, entonces, en el cancerbero del mandatario, y sus pesquisas vinculaban decididamente a Flanagan en esos crímenes.
Para los lobos, y en esp