-Se trata de una guerra de principios-, les remarcó McCloud a sus discípulos. No tuvo mucho cuidado en elegirlos, tampoco, sin reparar en su estirpe, sus antecedentes o su abolengo. Ninguno era un vampiro, sin embargo resultaban fanáticos, creían en la cruzada contra los lobos y estaban dispuestos a morir por esa causa remota y descabellada. Ahora lo que necesitaban eran armas.
-Requerimos dinero para comprar pistolas y fusiles-, fue lo que dijo McCloud en esa candente reunión que se prolo