Fernanda está a unos pasos, muy cerca, exactamente a tres pies y dos escalones arriba recostada en la puerta.
Nuestra distancia es tortura. Arremato contra ella.
- ¿Fue suficiente tiempo? – pregunta cuando llegamos a estar frente a frente.
Han sido los quince minutos más torturantes de mi vida mientras conducía a casa de Lina e imaginaba a Fernanda esperándome en el umbral de la puerta, justo como sucedió.
- Lo necesario.
Bajo la mirada al suelo, nuestros zapatos casi te tocan, y quier