Dos cuatro de casados
Como cada mañana desde hace algunos años despierto en la comodidad de mi cama con mi bella esposa a mi lado, siento su calor invadir mi cuerpo y su mirada sobre mí, no hay mucho qué ver pues hemos comenzado a dormir con ropa, los niños se han hecho demasiado curiosos y sus preguntas son bastante incomodas.
Siento su cuerpo moverse un poco quedando ligeramente sobre mi.
— Sé que estas despierto — Susurra en mi oído provocándome cosquillas.
Sonrío cuando siento sus labios