Mundo ficciónIniciar sesiónLlegamos a Washington.
Estamos en el auto de camino a casa, mejor dicho, a la casa de Santiago porque ese lugar nunca sería mi hogar. Y mientras nos movemos por las calles más prestigiosas de estado pienso en que si a Santiago no le molestara que inunde su espacio, que sea una desconocida hurgando, al parecer no, porque esta muy relajado a mi costado leyendo unos papeles del trabajo. Pero tampoco es que él fuera un libro abierto como para saber lo que piensa y sie







