El lienzo en blanco ya no me intimidaba; ahora era una invitación. Después de semanas de clases con Julio, de noches enteras pintando hasta que el amanecer se colaba por las persianas, decidí dar el paso: convertir mi pasión en algo más que terapia personal. Un pequeño negocio de arte inspirado en los mitos rumanos que mi abuela solía contarme en voz baja. Criaturas de sombras y luz, dragones entrelazados con vides, zafiros que brillaban como ojos vivos, mujeres que se transformaban en aves par