La galería olía a trementina fresca y a café recién molido, un aroma que se enredaba en el aire como una promesa silenciosa. Cinco lienzos colgaban en la sala lateral del centro cultural, pero para mí eran el universo entero. Zafiro Roto, había titulado la serie. Dragones mudando escamas negras para revelar piel humana. Mujeres rompiendo cadenas que se convertían en alas. Sombras que, poco a poco, dejaban paso a la luz.
Una mujer de mediana edad se detuvo frente al dragón central. Rozó el marco