Salí de la farmacia con una bolsa pequeña que contenía jarabe para la tos de Caleb y analgésicos para mi propio cuello, todavía resentido por las noches durmiendo mal. El sol de media tarde caía tibio sobre la acera del centro comercial al aire libre. Pensaba en volver rápido a casa cuando los vi.
Mariel e Isaías salían de una cafetería exclusiva, él con un vaso de café en la mano, ella colgando de su brazo con esa naturalidad felina que parecía innata. No pude evitar notar cómo el vestido color