Ambas estallaron en carcajadas, y por primera vez en mucho tiempo, Isabela sintió que podía sonreír sin que las lágrimas la siguieran al segundo. Fue un momento pequeño, pero significativo. Nadia estaba logrando algo que nadie más había logrado en meses: devolverle a Isabela un poco de alegría.
Con el tiempo, Nadia comenzó a involucrar más a Isabela en su vida diaria. La acompañaba a hacer sus compras en el mercado local, donde los colores vibrantes de las especias, las telas y las frutas fresca