Isabela se encontraba atrapada en un ciclo de desesperación. Cada día que pasaba, el miedo se convertía en su único compañero. La vida que había conocido se desvanecía lentamente, dejándola como un espectro, una sombra de lo que alguna vez fue. Su mente estaba nublada por el terror, y su cuerpo, una representación de su sufrimiento, se había vuelto tan delgado que apenas podía sostenerse.
La opresión de Diego y la manipulación de Clara habían transformado su hogar en una prisión. Isabela ya no