Khalid sintió que la adrenalina corría por su cuerpo.
—¿Ves, Diego? —dijo, su voz llena de determinación—. No la puedes retener. Ella es libre de elegir.
Diego, sintiendo que su control se desvanecía, dio un paso hacia atrás, su mirada llena de desesperación.
—No puedes hacer esto —dijo, su voz quebrándose—. No puedes llevártela.
Margaret, viendo la angustia de Isabela, se acercó a ella.
—Isabela, estamos aquí para ayudarte. No estás sola.
Khalid se acercó a Isabela, sosteniendo su mano con firm