GÉNESIS
Me bajé del auto y el viento me golpeó el rostro. Me quedé quieta un segundo, observando el cielo gris. No era un clima amable. Era ese tipo de clima que te pone nerviosa aunque no sepas por qué. Como si el mundo te advirtiera que no has venido a hacer algo bueno.
Respiré hondo. Caminé hacia la puerta. Toqué el timbre.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Nadie abría.
Tragué saliva y volví a tocar.
Entonces escuché pasos del otro lado.
Mi estómago se apretó.
La puerta se abrió.
Y mi corazón dio u