GÉNESIS
El restaurante era elegante, demasiado elegante para mi gusto. Danilo estacionó, me abrió la puerta como caballero y me ofreció su brazo. Yo lo tomé, sonriendo por fuera.
Entramos y ahí estaban sus padres, sentados en una mesa apartada.
El padre de Danilo fue el primero en levantarse. Aún lo recordaba de mi última reunión con él y su hija Dalia. En cuanto me vio, se quedó quieto, como si no esperara encontrarme a mí.
Su sorpresa fue tan evidente que hasta me puso nerviosa.
—Buenas noch