Adonias
Iba decidido. Completamente decidido. Ensayé el discurso en el auto durante veinte minutos.
“Mía, esto tiene que parar. No podemos seguir viéndonos así. Valentina no merece esto. Voy a ser honesto con ella. Voy a contarle la verdad. Pero primero necesito que tú y yo pongamos un punto final. Aquí. Hoy. Ahora.”
Perfecto. Firme. Irrefutable. Digno de un tribunal.
Toqué el timbre. Leyla abrió con el bolso al hombro.
—Adonias, qué sorpresa. Pasa.
—¿Está Mia?
—Mía está en su habitación. Sube