Valentina
Encontré a Mía en la empresa. Estaba en el taller revisando telas con la concentración de alguien que usa el trabajo para no pensar en lo que no quiere pensar.
—¿Estás enojada conmigo? —le pregunté sin rodeos.
Mía levantó la vista. Algo le cruzó los ojos que desapareció antes de que pudiera leerlo.
—No estoy enojada contigo, Val. Perdóname por no visitarte y no responder tus llamadas. He estado ocupada.
—¿Ocupada con qué?
—Cosas. De la universidad. De mi madre. Cosas.
—Mía, ¿hice algo